Paneles de fibra de madera, corcho y morteros de cal aportan conductividad moderada y almacenamiento higroscópico que suaviza picos de humedad. En un caserón de 1885, una solución multicapa con revoco de cal hidráulica redujo condensaciones y mejoró el confort acústico sin aumentar rigidez del muro. Se cuidaron encuentros con pilares, rodapiés ventilados y molduras históricas, logrando continuidad térmica discreta, reparable y armónica con los materiales existentes, sin falsos históricos.
La cubierta es el gran regulador. Recuperar tejas originales, reforzar tablero y crear láminas permeables al vapor con ventilación bajo-teja reduce sobrecalentamientos y entradas de agua. Donde hay cámaras antiguas, limpiarlas y guiarlas mejora su función. Añadir aislamiento natural y mantener respiración evita goteras y mohos. El resultado: áticos utilizables, menos cargas en climatización y preservación de ritmos térmicos que siempre dieron carácter a estancias nobles y corredores luminosos.
Sótanos y zócalos concentran sales que erosionan revocos. Antes de aislar, se estabiliza el balance hídrico con drenes, barreras horizontales compatibles y morteros desalinizantes. Luego, acabados a la cal que regulan vapor sustituyen pinturas plásticas. Esta secuencia evita encerrar agua y anticipa el comportamiento estacional. Al monitorear humedad relativa y temperaturas superficiales, se ajustan ventilaciones y calefacción, preservando frescos, ebanistería y pavimentos hidráulicos, mientras se gana eficiencia sin sacrificar autenticidad material.
El suelo radiante de baja temperatura, o zócalos radiantes en salas con tarimas históricas, distribuye calor suave y homogéneo. Con zonificación, cada ala responde a su uso real, evitando gasto innecesario. Donde la estructura lo exige, se combinan techos radiantes y convectores ocultos. Sensores discretos aprenden hábitos, preclimatizan antes de eventos y reducen potencia nocturna, manteniendo estable el microclima que cuida pinturas, tapices y maderas centenarias sin corrientes molestas ni ruidos.
Los recuperadores equilibran aire fresco y extracciones sin perder energía. Conductos planos se esconden en trasdosados, bóvedas técnicas y armarios antiguos reconvertidos, con rejillas artesanales que dialogan con la carpintería original. Filtros adecuados protegen del polvo, polen y hollín urbano. Sensores de CO₂ y humedad activan caudales precisos durante reuniones familiares o visitas guiadas, ofreciendo salud y confort sin abrir ventanas en días extremos, preservando el ambiente interior como un tesoro compartido.
Bombas de calor aire-agua o agua-agua, ubicadas en patios de servicio o salas técnicas silenciosas, suministran calor y frío con alta eficiencia estacional. Se eligen unidades con ventiladores de baja sonoridad y acabados no reflectantes. La integración hidráulica desacopla picos, protege equipos y permite energías renovables en cascada. El control limita temperaturas de impulsión para cuidar acabados históricos, mientras registros mínimos facilitan mantenimiento, sin irrumpir en fachadas principales ni patios representativos venerados por generaciones.